Cavilaciones sobre don Quijote

Reflexiones, desde el punto de vista de un historiador de la comunicación, sobre el mundo del Quijote y Cervantes.

Monday, January 03, 2005

Una pregunta inquietante: ¿dónde está Cervantes?

En 1612, la embajada del duque de Mayenne (el Humena de las Relaciones españolas) llega a la corte de Madrid. La comitiva está formada por doscientas personas de distintos rangos de la nobleza de espada o de oficio. Son muy diferentes, pero algo los une claramente: pertenecen al bando favorable a la alianza con la corona española, algunos son incluso hispanófilos convencidos y hasta, para mejorar su castellano, han contratado un profesor antes de encaminarse en el viaje[1][1].
Uno de los primeros intereses de algunos de estos miembros de la comitiva es visitar al autor de la obra que está de moda en París y que ha sustituido el interés de los Amadís y los Esplandián, de los arcádicos pastores de Lope y de los caballeros abencerrajes y moriscos de Pérez de Hita: don Quichotte se ha convertido en un personaje literario con vida propia y ellos se lucen incluso de haberlo leído en castellano[2][2]. Después de la moda caballeresca española de finales de siglo, del orientalismo, la pastoral y la novela bizantina[3][3], el caballero andante compite con los personajes de la picaresca, que también triunfan en la corte.
En la entrada, los nobles franceses, en su mal español, interrogan a los caballeros que han acudido a recibirlos y que los acompañan por las calles de la villa-corte[4][4]. Parece que estos no comprenden la pregunta o ellos se expresan mal, echando las culpas a los fallos del profesor que escogieron. ¿Dónde está Cervantes?
La búsqueda sorprende a los españoles a los que preguntan, que muestran las maravillas de la ciudad, sus templos y sus conventos sobre todo pero que, naturalmente, se niegan a acompañarlos para visitar a un personaje al que la mayoría no conoce y el resto no saluda por la calle. Al día siguiente, los lacayos de la casa donde están hospedados les indican el barrio donde vive el autor de su amado don Quijote y pueden tratarlo por fin. Se ha trasladado recientemente con su hija Constanza al número 18 de la calle Huertas, frente a las casas del príncipe de Marruecos. La sorpresa por el estado en que encuentran a su autor preferido, un pobre hidalgo cargado de deudas, es mayúscula. ¿Así tratan en España a un autor tan reconocido?

(Para más información, ver la introducción a mi tesis sobre la publicidad monárquica en el doble enlace hispano-francés de 1615).



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