Cavilaciones sobre don Quijote

Reflexiones, desde el punto de vista de un historiador de la comunicación, sobre el mundo del Quijote y Cervantes.

Friday, January 14, 2005

Homenaje al profesor Francisco Rico y al escritor Juan Goytisolo

Con el profesor Francisco Rico me pasa como con el escritor Juan Goytisolo. En ambos casos, hay dos personas diferenciadas; la que me encuentro por las calles de la ciudad en que vivo/vivía – sea París o Sant Cugat – y la persona que, al leer sus libros, comento y con la que discuto en silencio.
Con Juan goytisolo me encontraba hacia finales de los años ochenta del pasado siglo en el camino hacia mi casa desde la Biblioteca Nacional. Yo vivía en la rue Paradis (ahora famosa gracias al señor Ibrahim) y el en la cercana rue Poissonneière. Nos separaban los bulevares.
Juan se encaminaba ciertas tardes hacia sus clases de turco (y los turcos se extendían entre faubourg Sain Antoine y mi calle. El aprendía el idioma en casa de unos albaneses que aun conservaban las obras completas de Enver Hoxa. Nos encaminábamos por el faubourg. Y allí, un día, hablamos de ‘duelos y quebrantos’ de ‘Ricote’, de Benenjeli, del inefable Márquez Villanueva (una tarde en la que dijimos muy pocas cosas más).
En esa calle, me señalaba el cerdo que acompañaba la figura del santo en la hornacina de la entrada. “Ese es el único cerdo cristiano de esta calle”, frase que repitió tomando un te en uno de los cafetuchos del lugar cuando lo reuní con el profesor Miquel Barceló – después de años y en una especie de reconciliación sin pelea bastante extraña, y fugaz por cierto.
Miquel Barceló había dirigido mi tesina y yo había logrado – maravillas del dinero de la universidad francesa que no te concede la española – pagarle en agradecimiento un viaje para integrar, junto con Juan Goytisolo, el tribunal de mi tesis doctoral sobre racismo y xenofobia en el caso de los moriscos españoles.
“¿El único cerdo cristiano de la calle?”, Barceló admitió con la cabeza al chiste – pero nos miró a nosotros dos (probablemente, no se consideraba ‘un puerco cristiano’ tampoco, es una posibilidad)
Y, exceptuando la contingencia de que uno de los tres contertulios lo fuéramos, era verdad que no había más gorrino cristiano en la calle si se fijaba uno en el multiétnico ambiente.
En aquella época tuve en mi apartamento durante meses gran parte de su archivo personal – y el piso tenía unos escasos 40 metros cuadrados con lo que mi mujer y yo vivíamos intensamente rodeados de la obra de Juan Goytisolo – hasta que Gaby se dignó a recoger el tesoro y encaminarlo hacia Almería (donde, por cierto, lo trataron de pena en la época gubernamental de ese personaje que tenía de intelectual el apellido).
Juan Goytisolo estuvo en el tribunal de mi tesis, a Francisco Rico no pude pedirle que ejerciera la misma función en la segunda (no podía superarse el número tres de miembros de la universidad).
En el tribunal de París estuvo el profesor Jean Cannavaggio, biógrafo de Cervantes y en el tribunal de Barcelona estuvo el profesor Guillermo Serés, codirector de la nueva edición Rico del Quijote. De ambos hablaré en próximos capítulos.
He releído con avidez la nueva edición del Quijote y el profesor Rico ha provocado que, en realidad, la haya leído por los bajos (que, a veces son inmensos como enaguas de puesta de largo y que muchas veces desmentían cruda y meridianamente lo que yo había pensado ¡Qué difícil es poner de acuerdo al coro de grillos cervantistas!).
Con el profesor Francisco Rico seguiré conversando (monologando) en estás páginas.



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