Cavilaciones sobre don Quijote

Reflexiones, desde el punto de vista de un historiador de la comunicación, sobre el mundo del Quijote y Cervantes.

Saturday, January 15, 2005

Gracias que están los gabachos

El hispanismo francés es una constante firme y productiva desde finales del siglo XVI a la actualidad.
Beligerante cuando el imperialismo español estaba – o era considerado – opresivo con los ejércitos de Felipe II en París para colocar una infanta en el trono francés; envidioso e imitador en los cincuenta años del apogeo cultural castellano; condescendiente en el momento de la unión dinástica – el peor siglo es el XVIII en este sentido y comienza con Madame D’Aulnoy; inventivo durante el romanticismo – donde una típica parisina se convierte en la Carmen de Merimée – a mí me recuerda aquella copla de “yo soy la Carmen de España y no la de Merimée -; investigador desde la creación de la Casa de Velázquez en Madrid – tesis de Niño que lo disecciona diplomáticamente “Cultura y diplomacia. Los hispanistas franceses y España. 1875-1931” -; salvador durante el periodo franquista – el único aire fresco que se respiraba venía de los hispanistas franceses ahora acompañados de las primeras generaciones anglosajonas de las que volveremos a hablar -; envejecido en los primeros años de la transición – entonces era una joya la presencia de Bernard Vincent – cuando los jóvenes modernistas franceses abandonan el castellano para sumergirse en el inglés y decir bastantes tonterías sobre el periodo, también volveremos sobre ello -; renovado en los años noventa con una nueva generación...
Esta posición actual está muy bien representada en el libro, modesto y terrible, de Jean-Frédéric Schaub, “La Francia Española: las raíces hispanas del absolutismo francés”, en primer lugar destinado al panorama francés para recordar evidencias que se olvidan en una historiografía que durante años se ha centrado ombliguistamente en la corte de Luis XIV, las ceremonias en la corte de Luis XIV, el matrimonio de Luis XIV – a veces, me pregunto ¿con quién? Ya que en ciertos libros no lo dicen – y , aun más ombliculares, los orígenes de la corte de Luis XIV en el propio fluir del subterráneo volkgeist nacional.
Schaub recuerda a los compañeros franceses, de forma indirecta y sin agarrarse al cuello de nadie, que Francia se miraba en España por pura lógica a principios del siglo XVII. Y la mayoría de las veces de manera agresiva al mismo tiempo que inmensamente creativa.
Necesario para los historiadores franceses (que desafortunadamente no leen estas cosas si no son hispanistas).
Pero, los hispanos también tienen mucho que aprender de este trabajo.
Es necesario este cambio de óptica – que Schaub también destaca en su artículo “la monarquía hispana en el sistema europeo de estados” (dentro de la selección de artículos de Ferós-Gelabert) – y que el gurú Chartier remacha en su contribución “la Europa castellana en tiempos del Quijote” dentro de la misma selección.
Cuando se leen los artículos de ocasión realizados estos días – en acumulaciones llenas de genialidades y despropósitos como la organizada por el Mundo cultural -, nos vemos en el despeñadero de los tópicos de la decadencia y de los arquetipos del españolito – sea en versión Sánchez Albornoz o Américo Castro.
Y se comprueba que sigue siendo necesaria la polémica, la discusión y escribir sobre el Quijote y el tiempo de Cervantes.
Afortunadamente, siguen estando los gabachos.

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