Cavilaciones sobre don Quijote

Reflexiones, desde el punto de vista de un historiador de la comunicación, sobre el mundo del Quijote y Cervantes.

Sunday, January 16, 2005

Fausto se enfrenta a don Quijote

Mi profesor de Formación del Espíritu Nacional era un apasionado de Ramiro de Maeztu, el gran arquitecto de una España que no fue por la cicatería de los ‘caciques’ – él consideraba esto muy progresista – y de los que formaban la antiespaña –estos parece que siguen siendo los mismos para algunos.
-. Es falso que exista un solo y único tipo hispano. Tres grandes prototipos humanos hemos dado al mundo, decía mi profesor, tres tan importantes como Don Juan el pecador, Celestina que representa a todas las mujeres (se reía para sí mismo como si nosotros no lo entendiéramos) y Quijano el soñador, e incluso yo añadiría uno más, Sancho que representa al pueblo llano y claro. ¿Qué han dado los demás? Sólo Hamlet y Fausto, dos pobres tipos llenos de dudas.
Años después, vi que se trataba del libro “El Quijote o el amor”, de Ramiro de Maeztu, con su artículo “Don Quijote, Don Juan y la Celestina” unidos al ser de la hispanidad y confrontados a Hamlet y Fausto.
Hablando el otro día con el profesor José Manuel Jarque - está escribiendo un artículo sobre el mito de Fausto -, me acordé de todas estas comparaciones y confrontaciones. Le recomendé la cita añorante del imperio.
Ramiro de Maeztu escribía como un periodista de principios del siglo XX, es decir, adecuadamente pero con ampulosidad mesetaria que se creía heredera de una prosa imperial a veces meditada pero que suena en muchos casos tan carrinclona como los malos actores de teatro cuando interpretan clásico y que debía ser puesta por ejemplo en el dardo agudo de Grijelmo para ejemplo de periodistas en curso.
Y de Fausto el alemán pasaba a Hamlet, ejemplo nadie sabe como del espíritu británico. Vean un ejemplo de su reflexión:
“La obra sespiriana concentra las energías y las dispone a la acción; la novela cervantina distiende los resortes de nuestra fuerza y nos inclina al reposo. Y así Hamlet, al obrar sobre el público, produce Quijotes, mientras Don Quijote provoca en los espíritus la actitud analítica de Hamlet. Cuando se representó el drama predicador de la impaciencia y de la acción, Inglaterra apenas si existía como fermento de un pueblo futuro. Cuando se publicó la novela alabadora del reposo, España dominaba sobre el mayor imperio de la tierra. El Hamlet es la tragedia de Inglaterra; el Quijote es el libro clásico de España. En torno a las dos obras se ha venido cristalizando el alma de los dos pueblos. Inglaterra ha conquistado un imperio; España ha perdido el suyo”.
A mí, de todas maneras me recuerda muchas de las extrapolaciones del centenario. ¿No tendrá la culpa otro centenario de todos estos males? ¿El de 1905?

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